Europa, épica medieval y canon: cómo se fabrica una identidad literaria (y a quién deja fuera)

Hay una forma cómoda de hablar de “literatura europea”: como si fuera un legado compartido, un álbum familiar en el que todos somos primos, y donde los conflictos históricos se disuelven en una palabra bonita llamada “tradición”. Esa forma de contarlo tiene una ventaja: no incomoda. Y por eso se repite tanto.

La otra forma, menos cómoda y bastante más útil, es reconocer que la identidad literaria europea se ha construido por tensión, no por armonía: tensión entre tradición y ruptura, entre herencia y parodia, entre canon y exclusión. Y, sobre todo, tensión entre un “nosotros” que se define como universal y un “otro” que queda fuera del marco, a menudo señalado como amenaza o barbarie.

En este texto quiero proponer precisamente eso: leer la identidad literaria europea no como un legado pacífico, sino como un proceso de hegemonía cultural. Y en ese proceso, la épica medieval y el canon funcionan como herramientas decisivas.

La épica medieval como infraestructura cultural

Bajo mi punto de vista, un elemento que vertebra la conciencia literaria europea es la tradición de los libros de caballerías, las gestas y los cantares: Roldán, el Cid, y toda esa máquina épica que no solo narra batallas, sino que fabrica imaginarios. El Cantar de Roldán, por ejemplo, no es únicamente un hito nacional francés; como se ha señalado, contribuye a moldear la figura de Carlomagno como símbolo de unidad. Y esa idea conecta con el planteamiento de T. S. Eliot: la tradición europea funciona como un orden simultáneo que se reconfigura, donde las obras dialogan a través del tiempo como si convivieran en una misma arquitectura.¹

La épica medieval fue, en ese sentido, una infraestructura cultural: una manera de imaginar Europa como espacio compartido antes de que Europa tuviera instituciones modernas. No hacía falta un pasaporte: bastaba un mito.

Pero aquí aparece la parte que conviene mirar sin anestesia: esa identidad no se construye en el vacío. Se construye por oposición. La épica europea define su unidad señalando alteridades, y en muchas de esas gestas el “otro” aparece encarnado por el Islam (los “sarracenos” en el Roldán, los almorávides en el Mio Cid). La identidad, entonces, no nace solo de lo que celebra, sino también de lo que excluye.

Por eso, cuando algunos hablan del Roldán como “sueño de Europa”, yo siempre escucho la pregunta incómoda: ¿sueño de quién, y a costa de quién?

Cervantes: la tradición se salva parodiándola

Lo interesante es que esa identidad literaria no es estática. No se conserva como una reliquia. Se renueva, muchas veces, a través de la autocrítica. El ejemplo obvio es Cervantes. En el Quijote, Cervantes se ríe de los libros de caballerías… pero no para destruir la tradición, sino para transformarla. La parodia no rompe con lo clásico: lo reordena. Lo que era serio se vuelve ridículo, y al volverse ridículo se vuelve de nuevo legible.

Ahí aparece una idea que me parece central: el canon no es una lista “natural” de obras excelentes. Es una construcción histórica. Como se ha dicho, el canon actúa como mecanismo para que el pasado, en tanto que valor, tenga alguna oportunidad de sobrevivir.² Eso significa que lo “clásico” no es un pedestal eterno, sino el resultado de una reevaluación constante, donde influyen contextos, instituciones, pedagogías y mercado.

Cervantes demuestra que Europa no es solo herencia: es capacidad de discutir la herencia. Y esa capacidad, cuando existe, es lo único que impide que la tradición se convierta en museo.

Representación artística de Don Quijote de la Mancha

El mito de Europa: identidad o expansión imperial

Llegados aquí aparece otro problema: qué significa “Europa” cuando hablamos de literatura. Porque “Europa” puede ser un concepto cultural útil… o puede ser una etiqueta elástica al servicio de la expansión imperial.

Por eso me chirría profundamente cuando se equipara “Europa” con “Europa + América” como si fuera lo mismo. Compartir raíces (mundo clásico, cristianismo) no equivale a compartir identidad. Si aceptamos que Europa es un concepto cultural, debemos vigilar el riesgo de que ese concepto se defina por su expansión: Europa como “nosotros” que se estira según el poder político. Eso no es identidad: es apropiación.

Desde esta perspectiva, tiene sentido la crítica de Armando Gnisci: más que una “literatura europea” única, lo que ha existido con frecuencia son literaturas de países imperiales que han invadido otros mundos a través de sus lenguas.⁴ La “Europa literaria” como mito no es inocente: es una autoimagen producida por centros de poder. Frente a una “Literatura Global” homogeneizada por el mercado, Gnisci propone una “Literatura de los Mundos”, capaz de traducirse y traducir los mundos.³

Y aquí hay otra cuestión que Europa suele colocar al margen para mantener su relato limpio: Islam y judaísmo no son “influencias externas” sobre Europa, son partes constitutivas de Europa. El canon dominante tiende a relegarlos al papel de “aporte” para sostener un mito de origen grecolatino-cristiano homogéneo. Eso no es historia literaria neutral: es ingeniería identitaria.

Si Europa quiere ser algo más que un museo, debería asumir esa complejidad como núcleo, no como nota al pie.

Del canon de Bloom al mercado: la nueva teología cultural

El canon moderno no solo excluye por tradición; hoy excluye por mercado. Y esto es aún más obsceno, porque se presenta como “democrático”: ventas, rankings, algoritmos, tendencias. Es decir, la vieja idea de “excelencia” se sustituye por “impacto”. Y el impacto suele significar dinero.

Modelos como el de Harold Bloom, divulgados como si fueran universales, pueden pecar de ser descaradamente anglocéntricos.⁵ Pero incluso más allá de Bloom, lo que vemos hoy es una mutación: la cultura se gestiona como mercado. La literatura se convierte en producto, y el canon, en un escaparate.

Aquí encaja la distinción de Gnisci entre una “Literatura Global” homogeneizada por el mercado y una “Literatura de los Mundos” capaz de traducirse y traducir los mundos: una literatura como resistencia, no como mercancía.³

El ejemplo de fenómenos como Harry Potter o autores mainstream de gran venta no es una cuestión de “gusto personal”. Es una cuestión de estructura: el mercado editorial decide qué ocupa espacio mental y qué queda fuera, y lo hace con la lógica del beneficio, no con la lógica del valor cultural. La pregunta que queda es brutalmente simple: si la identidad literaria europea es “espiritual” o “ética”, ¿cómo resiste cuando el canon lo escribe una industria?

Conclusión: identidad como proyecto ético, no como lista cerrada

Si me quedo con una idea es esta: la identidad literaria europea no es una lista fija de obras. Es un campo de disputa. Un proyecto. Y, en palabras de Neus Rotger, un proyecto ético: un espacio cultural que se define por su capacidad de diálogo y autocrítica, no por una nómina cerrada de nombres “que entran por mérito” en un sistema de exclusiones.⁶

La épica medieval ayudó a Europa a imaginarse como comunidad. Cervantes demostró que esa comunidad solo sobrevive si se permite reírse de sí misma. Y el presente nos obliga a lo más difícil: defender la literatura como lugar de resistencia frente a la homogeneización mercantil, sin caer en el mito complaciente de una Europa pura, homogénea y autojustificada.

Europa, si quiere seguir siendo algo más que un logo cultural, tiene que aceptar esto: su canon es poder. Y el poder se discute.


Notas

  1. T. S. Eliot, “La tradició i el talent individual” (1919), en Llegir i escriure, 39–49 (Barcelona: Empúries, 1996), 39.
  2. “Canon y período,” cap. 6 en Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea (Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.), 166.
  3. Armando Gnisci, “Una historia diferente de la literatura europea,” en Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea (Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.), 2.
  4. Armando Gnisci, “Una historia diferente de la literatura europea,” 1.
  5. Antonio Monegal, “Transcripción de los vídeos de ‘El ABC de la literatura’,” en Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea (Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.), 11.
  6. Neus Rotger, “A vueltas con la historia: sobre la idea de literatura europea,” en Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea (Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.), 12.

Bibliografía

  • Bloom, Harold. El canon occidental: la escuela y los libros de todas las épocas. Traducido por Damián Alou. Barcelona: Anagrama, 1995.
  • “Canon y período.” Capítulo 6 en Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea. Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.
  • Eliot, T. S. “La tradició i el talent individual” (1919). En Llegir i escriure, 39–49. Barcelona: Empúries, 1996.
  • Evans, Dylan. “The Song of Roland and the dream of Europe.” Medium, 2024. Consultado el 19 de abril de 2026. https://medium.com/@evansd66/the-song-of-roland-and-the-dream-of-europe-9964297e6cf4
  • Gnisci, Armando. “Una historia diferente de la literatura europea.” En Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea. Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.
  • Monegal, Antonio. “Transcripción de los vídeos de ‘El ABC de la literatura’.” En Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea. Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.
  • Rist, Avery. “How the Song of Roland Shaped the Way We Think of Charlemagne.” TheCollector, 2025. Consultado el 19 de abril de 2026. https://www.thecollector.com/how-song-roland-shaped-way-we-think-charlemagne/
  • Rotger, Neus. “A vueltas con la historia: sobre la idea de literatura europea.” En Material didáctico de la asignatura Introducción a la Literatura Europea. Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya, s. f.
Logotipo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
  • Contexto: UOC · Grado en Humanidades
  • Asignatura: Introducción a la Literatura Europea
  • Tipo: PEC | Reto
  • Calificación: Excelente

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